En abril de 2013, a la edad de 32 años, falleció mi mejor amigo, Greg Knapstein. Greg era un hombre extraordinario, con un gran corazón, sentido del humor y mucho amor para todos los que lo conocían. Tomó la decisión de ser donante, y su familia (y amigos) respetaron su deseo. Greg pudo donar su corazón, pulmones, hígado y riñones, y se convirtió en un héroe para muchas personas. Cada uno de los receptores se puso en contacto con la familia, pudimos conocerlos y ver de primera mano cómo la donación había cambiado sus vidas. ¡Es algo increíble! El regalo de vida de Greg me inspiró en mi propio camino, y ahora trabajo como coordinadora de recuperación de órganos en The Living Legacy Foundation. Perder a Greg fue el momento más difícil de mi vida; tengo el corazón roto y lo echo de menos todos los días. Pero trabajo con un propósito, cada día, para honrarlo. Es un héroe para cada uno de los receptores y para todos los familiares y amigos a los que ha llegado; es un héroe para su familia y amigos, que están muy orgullosos de que siga viviendo en otros. Y es mi héroe y mi inspiración.
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